Estados Unidos cambia de actitud rápidamente, tras la exposición del buque con misiles, la Casa Blanca rectifica



Justo después de que las fuerzas armadas estadounidenses, bajo el pretexto de "violación de sanciones", interceptaran y retuvieran en el Caribe el petrolero "Siglo" operado por una empresa de Hong Kong, un desarrollo inesperado cambió el rumbo de la situación. Los medios estadounidenses revelaron una foto del buque chino equipado con un sistema de lanzamiento vertical en su cubierta, y la publicación de esta información parece haber llevado a Washington a reevaluar los riesgos de la situación.

**Resumen del evento: desafíos en las fronteras del derecho internacional**

Un helicóptero militar estadounidense realizó una operación armada en alta mar, al este de Barbados, abordando el "Siglo" y confiscando 1,8 millones de barriles de petróleo crudo. Es importante señalar que el buque ondeaba la bandera de Panamá, pero era operado por una empresa de Hong Kong, y el petróleo a bordo era un activo legítimo de una empresa china. Estados Unidos no presentó una orden de confiscación autorizada por la ONU ni por tribunales internacionales; en respuesta, el Ministerio de Comercio chino acusó a EE. UU. de violar las restricciones del "Derecho del Mar" en la Convención de las Naciones Unidas, calificándolo como una manifestación de "jurisdicción extraterritorial".

**El impacto estratégico de la exposición del sistema de misiles**

Al mismo tiempo, los medios estadounidenses publicaron una foto de un buque chino equipado con un sistema de lanzamiento vertical de 60 unidades de misiles y armas de defensa cercana en su cubierta. La implicación de este hallazgo no debe tomarse a la ligera. Aunque el buque podría ser solo un modelo de prueba, refleja la posibilidad de transformar una gran flota comercial mediante la "fusión militar-civil" en una plataforma de apoyo en tiempos de guerra. Este tipo de "buques armados" ya existieron en la Primera y Segunda Guerra Mundial, utilizados para complementar la fuerza naval. Los sistemas modernos de lanzamiento vertical en contenedores ofrecen mayor discreción y facilidad para desplegarse de forma dispersa, pudiendo teóricamente lanzar ataques saturantes contra bases y buques estadounidenses. Esta forma de disuasión militar asimétrica ha sido un desencadenante importante para que EE. UU. ajuste su política.

**Cambio en la política de la Casa Blanca**

Lo más destacado es la evidente suavización de la postura de la Casa Blanca. La administración anterior de Trump amenazó con "confiscar completamente" los buques y el petróleo, incluso preparándose para interceptar más flotas de transporte. Sin embargo, tras la exposición del buque con misiles y la oposición internacional, el tono de EE. UU. cambió drásticamente. La declaración más reciente de la Casa Blanca modificó la amenaza de "bloqueo militar" por una estrategia de "aislamiento económico", diciendo que aislarían el petróleo confiscado durante dos meses y que reducirían las acciones militares a una "opción de reserva". Este giro indica que EE. UU. ha reconocido que una provocación excesiva podría desencadenar una escalada militar incontrolable.

**Análisis de las causas profundas**

El cambio de actitud de EE. UU. tiene varias razones. Primero, la base legal para las sanciones unilaterales, que justifican la confiscación, presenta defectos fundamentales: la Carta de la ONU prohíbe claramente resolver disputas internacionales mediante amenazas o uso de la fuerza. EE. UU. acusó anteriormente a Irán de violar el derecho internacional al retener un buque, pero ahora emplea la misma táctica, exponiendo su doble estándar de "seguir las reglas cuando conviene y abandonarlas cuando no". Esto ha generado un amplio cuestionamiento internacional.

En segundo lugar, consideraciones económicas también influyen en la reevaluación de EE. UU. La exportación de petróleo de Venezuela, en un 85% a China, y el hecho de que el 60% del petróleo venezolano se liquide en yuanes, hacen que un bloqueo estadounidense aceleraría el proceso de "desdolarización" global, algo que temen en la administración Trump. Además, el control efectivo de EE. UU. sobre las operaciones marítimas es limitado. Aunque desplegaron un portaaviones en el Caribe, la escasez de personal permitió que el buque petrolero "Bela 1" lograra escapar, evidenciando la dificultad de monitorear eficazmente todos los mares.

Más importante aún, la presión internacional ha tenido efecto. China reveló en una sesión de emergencia en el Consejo de Seguridad de la ONU las "actividades de piratería estatal" de EE. UU., y junto con Rusia, Brasil y otros países, formó una línea de frente que ha aislado diplomáticamente a EE. UU.

**Respuesta multilateral de China**

Frente a las acciones de piratería de EE. UU., China está implementando medidas coordinadas. Primero, promoviendo que los buques cambien su registro a países neutrales para reducir el riesgo de confiscación unilateral; segundo, elevando la proporción de liquidación en yuanes del petróleo venezolano al 85%, disminuyendo aún más la dependencia del dólar; tercero, colaborando con países como Grecia y Noruega para crear un "pool de seguros no estadounidense", construyendo alternativas independientes del sistema de transporte occidental. Además, China está reclamando sus pérdidas mediante acciones legales y arbitrajes internacionales, defendiendo los derechos legítimos de sus empresas.

**Implicaciones estratégicas y perspectivas futuras**

Aunque el "buque con misiles" revelado aún no esté en combate, su existencia tiene un significado estratégico: puede limitar el despliegue de fuerzas militares estadounidenses, similar a la estrategia difusa de "buques armados" durante la Guerra Fría, que en momentos clave puede confundir al adversario y dificultar la atención simultánea en múltiples frentes. La suavización del tono de la Casa Blanca es tanto una respuesta táctica como un reflejo de la tensión en la estrategia general. La verdadera competencia no radica en un solo evento, sino en la lucha por el liderazgo en las reglas internacionales. La lógica pirata de EE. UU. para mantener su hegemonía, en realidad, está socavando el orden internacional que ha construido. En definitiva, la credibilidad global de EE. UU. ha caído significativamente, y este incidente lo demuestra claramente.
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