Mirando la situación actual de Estados Unidos, en la superficie parece que no hay suficiente dinero para gastar, pero en el fondo se trata de una crisis sistémica.



El tamaño de la deuda pública ha superado los 34 billones de dólares, y los gastos por intereses ya se han convertido en el mayor gasto en el presupuesto del gobierno, incluso superando el gasto en defensa. ¿Qué significa esta cifra? El gobierno de EE. UU. está pagando el precio por decisiones pasadas, y esta cuenta cada vez es más pesada.

**¿Quién controla el destino económico de Estados Unidos?**

Los oligarcas financieros de Wall Street controlan la fijación de precios de la economía de este país. BlackRock, JPMorgan Chase y otras instituciones no solo manejan efectivo, sino que también tienen la palabra en la valoración de activos globales. La riqueza de estos gigantes del capital es comparable a la de un país, y una sola decisión suya puede afectar la vida de millones de personas.

La relación enredada entre el sistema político y el capital financiero determina la crisis actual de EE. UU. Se necesita dinero para las campañas, ¿de dónde viene? De Wall Street. Como los políticos reciben fondos del capital financiero, naturalmente deben servir a sus intereses. El resultado es que, cada vez que alguien propone gravar a los ricos o fortalecer la regulación financiera, los grupos de cabildeo los acallan en el Congreso.

**Los pobres pagan el precio, los ricos permanecen indemnes**

Esto ha llevado a un fenómeno lamentable. El gobierno prefiere recortar programas sociales, dejando a los pobres en la calle; permitir que el sistema de salud pública colapse; que los estudiantes carguen con deudas educativas de por vida; y no tocar la riqueza de los ricos. El capital ya ha secuestrado profundamente las decisiones del país, y el gobierno se ha convertido en un agente del capital.

Para resolver la crisis fiscal, el gobierno generalmente tiene tres opciones: aumentar impuestos, reducir gastos o imprimir dinero. Pero las dos primeras están bloqueadas por los grupos de capital: subir impuestos enfurecería a los financiadores; reducir gastos provocaría descontento social. Por lo tanto, solo le queda la tercera opción: imprimir dinero sin cesar. Esto genera inflación, y el dinero de la gente común cada vez vale menos.

**Las lecciones de la historia han sido olvidadas**

Al revisar la historia de EE. UU., ¿por qué las reformas de la era de Roosevelt tuvieron éxito? Porque había un líder político fuerte, dispuesto a enfrentarse directamente al capital. Roosevelt enfrentó una situación de monopolios y no se comprometió, sino que implementó el New Deal, estableció un sistema de seguridad social y utilizó altas tasas impositivas para reducir la desigualdad. En ese entonces, el gobierno estadounidense tenía autoridad y la capacidad de frenar la expansión descontrolada del capital.

¿Y ahora? No hay un segundo Roosevelt en la política actual. Los políticos contemporáneos están más preocupados por su reelección y por complacer a los financiadores, sin valor para romper el statu quo. La reforma fiscal se reduce a palabras vacías, y el impuesto a las ganancias de capital lleva años en discusión sin implementarse.

**¿Cómo evolucionará la crisis de deuda?**

Si esta situación no cambia, la deuda de EE. UU. solo seguirá creciendo. El gobierno, para mantener su funcionamiento, se ve obligado a pedir prestado continuamente a la Reserva Federal, lo que en realidad es un uso excesivo de la confianza a largo plazo del país. Y el dólar, como moneda de reserva mundial, se basa en la confianza en la solvencia del país.

Si el mercado descubre que el gobierno estadounidense no puede pagar su deuda ni recaudar impuestos a los ricos, la confianza en el dólar colapsará. Esto no solo será un problema económico, sino que también provocará turbulencias en el sistema financiero global.

**El aumento de las contradicciones sociales**

Aún más peligroso es la creciente brecha entre ricos y pobres, que alimenta la fractura social. Por un lado, los élites de Wall Street celebran en islas privadas por los máximos históricos del mercado bursátil; por otro, las familias comunes enfrentan dificultades para cubrir sus necesidades básicas y se ven obligadas a arriesgarlo todo. Cuando la pobreza y la desesperación alcanzan cierto nivel, ninguna fuerza policial ni ejército puede detener el caos que se avecina.

La historia nos enseña que, cuando la riqueza de una gran nación se concentra en unos pocos, y las condiciones de vida de la mayoría empeoran, los conflictos sociales son inevitables.

**La falsa apariencia de bipartidismo**

La oposición entre el Partido Demócrata y el Partido Republicano parece ser una competencia por las políticas, pero en realidad es una lucha de intereses entre diferentes grupos de capital. Quien esté en el poder debe obedecer a sus financiadores, y los intereses de las clases populares nunca son prioridad en la agenda política. Como resultado, cambiar de partido no mejora sustancialmente la vida de los pobres, y la deuda nacional sigue aumentando.

**El callejón sin salida del sistema**

El sistema actual de EE. UU. ha perdido la capacidad de autorregenerarse. Para solucionar realmente los problemas, hay que hacer que la riqueza circule y que las clases con grandes activos asuman su responsabilidad social. Pero, en la estructura política y económica actual, esto es casi imposible.

Mientras no surja un líder como Roosevelt, dispuesto a desafiar al capital, el gobierno estadounidense será siempre un "pato cojo", observando cómo la línea de deuda se eleva y las fracturas sociales se profundizan.

Así es Estados Unidos hoy: el dinero de los ricos está atrapado en mansiones y cuentas en el extranjero, el resentimiento de las clases bajas se acumula en las calles, y el gobierno, atrapado en medio, tambalea al borde del precipicio de la deuda. Este es el retrato más real de la situación actual en EE. UU.
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