Permitir que un ser querido choque contra la pared, ver a un ser amado recorrer caminos equivocados, observar en silencio a un amigo hundirse en un pozo.
La parte más difícil de la vida es mirar con lágrimas en los ojos a las personas importantes repetir los mismos errores; el dolor es la cuchilla del alma, y la enseñanza solo es veneno envuelto en azúcar.
El Tao Te Ching dice: El bueno no discute, el que discute no es bueno.
Esos obstinados que se niegan a aceptar consejos no son ignorantes, sino destino.
No faltará ni un solo desvío que deba tomarse.
Ni una sola pulgada del muro del sur que deba chocar, la verdad del mundo es cruel pero transparente, las buenas palabras no despiertan a las almas que fingen dormir.
La compasión no puede salvar a quienes son conscientes de sí mismos. Incluso la verdad más profunda no puede superar la comprensión que llega tras sangre, sudor y lágrimas.
Por profunda que sea la sabiduría, no puede reemplazar el crecimiento que desgasta hasta los huesos.
La oportunidad y el destino nunca se pueden forzar, es como la lluvia torrencial que no puede hacer crecer la hierba sin raíces en otoño.
El camino y la ley, por muy amplios que sean, no pueden guiar a quienes no tienen destino.
Cuando una persona solo desea saltar al abismo, extender la mano para detenerla solo se convierte en un obstáculo para su despertar; algunas lecciones deben aprenderse en soledad.
Algunas epifanías requieren sangre y heridas, lo único que podemos hacer cuando la otra persona se golpea la nariz y la cara, es ofrecerle un buen remedio para las heridas, no una cuchilla de acusación, solo cuando el dolor llega al extremo, uno aprende a contenerse.
Solo al caer al fondo del pozo entendemos cómo mirar hacia arriba.
La verdadera realización es permitir que en tus lágrimas, él o ella se caigan y se conviertan en escalones, convertir las lecciones en alas.
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Permitir que un ser querido choque contra la pared, ver a un ser amado recorrer caminos equivocados, observar en silencio a un amigo hundirse en un pozo.
La parte más difícil de la vida es mirar con lágrimas en los ojos a las personas importantes repetir los mismos errores; el dolor es la cuchilla del alma, y la enseñanza solo es veneno envuelto en azúcar.
El Tao Te Ching dice: El bueno no discute, el que discute no es bueno.
Esos obstinados que se niegan a aceptar consejos no son ignorantes, sino destino.
No faltará ni un solo desvío que deba tomarse.
Ni una sola pulgada del muro del sur que deba chocar, la verdad del mundo es cruel pero transparente, las buenas palabras no despiertan a las almas que fingen dormir.
La compasión no puede salvar a quienes son conscientes de sí mismos. Incluso la verdad más profunda no puede superar la comprensión que llega tras sangre, sudor y lágrimas.
Por profunda que sea la sabiduría, no puede reemplazar el crecimiento que desgasta hasta los huesos.
La oportunidad y el destino nunca se pueden forzar, es como la lluvia torrencial que no puede hacer crecer la hierba sin raíces en otoño.
El camino y la ley, por muy amplios que sean, no pueden guiar a quienes no tienen destino.
Cuando una persona solo desea saltar al abismo, extender la mano para detenerla solo se convierte en un obstáculo para su despertar; algunas lecciones deben aprenderse en soledad.
Algunas epifanías requieren sangre y heridas,
lo único que podemos hacer cuando la otra persona se golpea la nariz y la cara,
es ofrecerle un buen remedio para las heridas,
no una cuchilla de acusación,
solo cuando el dolor llega al extremo, uno aprende a contenerse.
Solo al caer al fondo del pozo entendemos cómo mirar hacia arriba.
La verdadera realización es permitir que en tus lágrimas, él o ella se caigan y se conviertan en escalones, convertir las lecciones en alas.