Los socios de Pantera Capital, Paul Veradittakit y Franklin Bi, han discutido recientemente sobre la evolución del mercado de inversiones en criptomonedas, trazando un panorama fascinante de un sector en transición hacia una mayor madurez profesional.
Una paradoja evidente: miles de millones invertidos pero menos operaciones
El dato más sorprendente surge de inmediato: este año, la financiación total ha alcanzado un récord histórico de 34 mil millones de dólares, y sin embargo, el número de transacciones se ha desplomado casi un 50% respecto a 2021 y 2022. Este fenómeno aparentemente contradictorio revela en realidad un cambio estructural profundo en el mercado.
Los años 2021-2022 estuvieron caracterizados por tasas de interés cercanas a cero y abundancia de liquidez, que alimentaron un ciclo especulativo. En ese período, el mercado estaba dominado por la narrativa del metaverso: los proyectos recibían financiación no tanto por su capacidad ejecutiva, sino por la sugestión de la historia que contaban. La comunidad invertía en narrativas en lugar de en fundamentos empresariales.
Con la desaparición del “mercado alcista de las altcoins”, el panorama ha cambiado radicalmente. Hoy, el capital se concentra en Bitcoin, Ethereum y Solana, mientras que los pequeños inversores minoristas y los family offices han reducido drásticamente su participación en operaciones early-stage. Quienes invierten ahora son principalmente fondos institucionales de criptomonedas y capital de riesgo tradicional del sector fintech, caracterizados por procesos de due diligence mucho más rigurosos.
De la especulación a la selección: el papel crucial de la profesionalidad
El cambio no es solo cuantitativo. La calidad de la investigación investigativa ahora representa el factor discriminante. Los fondos contemporáneos realizan evaluaciones mucho más profundas antes de comprometer capital, concentrando las inversiones en un número reducido de proyectos pero con importes significativamente mayores por operación.
Este desplazamiento hacia la profesionalidad emerge claramente en las estrategias de salida del mercado. Hasta hace poco, la principal forma de obtener beneficios era el Token Generation Event (TGE), es decir, la emisión del token en el mercado público. Hoy, las salidas se producen cada vez con más frecuencia mediante cotización en bolsa tradicional.
El IPO de Circle representa un hito en este sentido: ha demostrado concretamente que un proyecto cripto puede recorrer todo el camino desde la financiación seed, pasando por las rondas A y sucesivas, hasta la cotización en mercados públicos regulados. Esta visibilidad de una vía de salida creíble ha reducido significativamente la percepción del riesgo que caracterizaba las inversiones en el sector.
Las Digital Asset Treasury: del trend a la búsqueda de la calidad gerencial
Las Digital Asset Treasury (DAT) ejemplifican perfectamente esta transición hacia la racionalidad. Si consideramos la evolución histórica: era posible comprar petróleo crudo directamente o poseer acciones de una petrolera grande. La elección accionarial prevalecía porque representaba una “máquina” generadora de valor continuo—extracción, refinamiento, comercialización.
Las DAT en el contexto de los activos digitales cumplen exactamente este papel: no poseen pasivamente criptomonedas, sino que las gestionan activamente para generar rendimientos superiores. La reciente desaceleración del mercado hacia las DAT no representa una desaparición, sino una maduración. Los inversores han entendido que el valor depende principalmente de la capacidad ejecutiva del equipo gestor, no solo de la propiedad del activo subyacente.
Esto es una señal positiva de racionalidad de mercado. En los próximos años, las estructuras de gestión activa seguirán evolucionando, y quizás incluso las fundaciones de los proyectos blockchain se transformen en DATs reales, aplicando herramientas profesionales de los mercados de capital en lugar de operar como entidades meramente administrativas.
Geográficamente, el auge de las DAT en Estados Unidos podría estar llegando a su fin, pero Asia-Pacífico y América Latina aún ofrecen oportunidades de crecimiento significativas. Sin embargo, prevalecerán únicamente las estructuras lideradas por equipos con capacidad demostrada para hacer crecer constantemente las carteras.
Las tendencias de inversión de la próxima década
Mirando a las próximas oportunidades de inversión, emergen dos direcciones estratégicas principales.
La tokenización representa el tema dominante a largo plazo. Aunque se discute desde 2015, es una transformación que requerirá décadas para desarrollarse completamente. El sector acaba de salir de la fase teórica para entrar en la fase operativa con instituciones y clientes reales. La implementación actual consiste en “copiar y pegar” activos en la blockchain para obtener eficiencia y acceso global. Pero el verdadero potencial reside en la programabilidad: estos activos pueden ser controlados mediante smart contracts, creando nuevos productos financieros y mecanismos de gestión del riesgo antes imposibles.
La tecnología de zero-knowledge proof (ZK-TLS), o “prueba de red”, resuelve un problema fundamental de la blockchain: el “basura entra, basura sale”. Los datos off-chain—extractos bancarios, históricos de transacciones, comportamientos de usuarios de aplicaciones tradicionales—ahora pueden verificarse y llevarse a la cadena sin exponer la información sensible. Esto permite que los datos comportamentales de Robinhood o Uber interactúen de forma segura con los mercados de capital on-chain, creando aplicaciones completamente innovadoras.
De manera significativa, JPMorgan fue uno de los primeros socios de Zcash y Starkware, demostrando que la intuición teórica existe desde hace tiempo, pero solo ahora la infraestructura tecnológica y el talento son suficientes para aplicaciones a gran escala.
En el ecosistema de la tokenización, las stablecoins representan la aplicación definitiva. Con una regulación cada vez más definida, las stablecoins están realizando el verdadero potencial de la “moneda sobre la propiedad intelectual”, haciendo que los pagos globales sean extremadamente económicos y transparentes. En América Latina y el Sudeste Asiático, han sido la clave de acceso más efectiva para la adopción masiva de criptomonedas.
Otra categoría en explosión son las aplicaciones para consumidores y los mercados predictivos. Desde la plataforma pionera Augur hasta los mercados contemporáneos como Polymarket, el sector vive un crecimiento exponencial. Estas herramientas democratizan la creación de mercados en los que se puede apostar sobre cualquier tema—resultados empresariales, eventos deportivos—ofreciendo tanto entretenimiento como un mecanismo eficiente y descentralizado de descubrimiento de información. El potencial regulatorio y económico aún está en gran medida por explorar, pero podría aportar una cantidad de información sin precedentes a los sectores de noticias y trading.
En términos generales, los mercados de capital on-chain no representan simplemente una copia de los mercados tradicionales. En América Latina, muchas personas realizan su primera inversión financiera comprando Bitcoin en plataformas como Bitso, saltándose completamente la experiencia con los mercados bursátiles tradicionales. Sin embargo, podrían acceder inmediatamente a derivados complejos como los perpetuals. Este “salto generacional financiero” podría significar que estos cohortes nunca utilicen las herramientas de Wall Street, que percibirán como ineficientes e incomprensibles.
Comparaciones críticas: ¿qué camino para el futuro?
En un horizonte de inversión de tres años, la elección entre poseer acciones de Robinhood (HOOD) o Coinbase (COIN) revela visiones diferentes del sector. Robinhood busca una integración vertical completa—desde la compensación hasta el trading—hacia una plataforma fintech totalmente controlada. Coinbase tiene una ambición aún mayor—llevar completamente on-chain toda la finanza—pero requiere 10-20 años para realizarse plenamente. A corto plazo (tres años), Robinhood podría ofrecer resultados más tangibles.
Sobre las “blockchains de pago dedicadas” para las stablecoins, el debate sigue abierto. Una blockchain optimizada específicamente para escenarios de pago—con escalabilidad y privacidad superiores—tiene valor intrínseco. Una cadena lanzada por Stripe, aunque no neutral, podría alcanzar una escala significativa gracias a los recursos de la empresa matriz. Sin embargo, a largo plazo, el valor tiende a concentrarse en los usuarios, no en las plataformas que intentan controlarlos. Los usuarios prefieren entornos abiertos y líquidos a cadenas propietarias.
En cuanto a la privacidad como sector de inversión, las posiciones divergen: podría ser una función integrada en casi todas las aplicaciones, difícil de captar valor por sí sola, ya que los avances tecnológicos tienden a hacerse open source. Sin embargo, a nivel empresarial e institucional, la privacidad representa una necesidad genuina, y la verdadera oportunidad consiste en combinar la tecnología con la compliance, creando soluciones comerciales que se conviertan en estándares industriales.
Los fundamentales a menudo ignorados: lock-up y gobernanza
Una cuestión frecuentemente discutida en círculos cripto es el período de lock-up de los tokens de los fundadores. Algunos defienden términos de cuatro años, otros la liberación inmediata. Sin embargo, la cuestión se basa en un supuesto erróneo: que el éxito depende del momento del desbloqueo. La realidad del venture capital es que el 98% de los proyectos fracasan. La causa principal no es el diseño del lock-up, sino la falta de valor auténtico creado.
No obstante, desde un punto de vista de diseño, un período de lock-up razonable (2-4 años) sigue siendo necesario: permite al equipo desarrollar el producto y alcanzar los hitos, evitando caídas tempranas del precio que sabotean los objetivos a largo plazo. Crucial: los períodos de lock-up deben ser iguales para fundadores e inversores. Si un inversor busca cláusulas especiales para salir anticipadamente, indica que nunca tuvo la intención de mantener a largo plazo—una señal de alarma devastadora para el proyecto.
La guerra de las L1: aún lejos de terminar
La competencia entre layer 1 públicas continuará, aunque menos frenéticamente que en el pasado. No surgirán muchas nuevas L1 competitivas, pero las consolidadas persistirán gracias a sus respectivas comunidades y ecosistemas. La atención se centra en cómo las L1 puedan realmente capturar valor—una pregunta aún en fase de investigación metodológica.
Aún no es apropiado declarar muertas a las L1 tradicionales. La tecnología evoluciona constantemente, al igual que los mecanismos de captura de valor. Solana es un caso emblemático: declarada repetidamente muerta, sigue demostrando ser vital para quienes mantienen confianza en su potencial. Donde existe actividad on-chain, emergen mecanismos para capturar valor. Fundamentalmente, “las tarifas de prioridad lo deciden todo”: la competencia siempre genera valor.
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El regreso a la racionalidad en el capital de riesgo cripto: la ejecución y el crecimiento de los activos determinan el éxito de las inversiones
Los socios de Pantera Capital, Paul Veradittakit y Franklin Bi, han discutido recientemente sobre la evolución del mercado de inversiones en criptomonedas, trazando un panorama fascinante de un sector en transición hacia una mayor madurez profesional.
Una paradoja evidente: miles de millones invertidos pero menos operaciones
El dato más sorprendente surge de inmediato: este año, la financiación total ha alcanzado un récord histórico de 34 mil millones de dólares, y sin embargo, el número de transacciones se ha desplomado casi un 50% respecto a 2021 y 2022. Este fenómeno aparentemente contradictorio revela en realidad un cambio estructural profundo en el mercado.
Los años 2021-2022 estuvieron caracterizados por tasas de interés cercanas a cero y abundancia de liquidez, que alimentaron un ciclo especulativo. En ese período, el mercado estaba dominado por la narrativa del metaverso: los proyectos recibían financiación no tanto por su capacidad ejecutiva, sino por la sugestión de la historia que contaban. La comunidad invertía en narrativas en lugar de en fundamentos empresariales.
Con la desaparición del “mercado alcista de las altcoins”, el panorama ha cambiado radicalmente. Hoy, el capital se concentra en Bitcoin, Ethereum y Solana, mientras que los pequeños inversores minoristas y los family offices han reducido drásticamente su participación en operaciones early-stage. Quienes invierten ahora son principalmente fondos institucionales de criptomonedas y capital de riesgo tradicional del sector fintech, caracterizados por procesos de due diligence mucho más rigurosos.
De la especulación a la selección: el papel crucial de la profesionalidad
El cambio no es solo cuantitativo. La calidad de la investigación investigativa ahora representa el factor discriminante. Los fondos contemporáneos realizan evaluaciones mucho más profundas antes de comprometer capital, concentrando las inversiones en un número reducido de proyectos pero con importes significativamente mayores por operación.
Este desplazamiento hacia la profesionalidad emerge claramente en las estrategias de salida del mercado. Hasta hace poco, la principal forma de obtener beneficios era el Token Generation Event (TGE), es decir, la emisión del token en el mercado público. Hoy, las salidas se producen cada vez con más frecuencia mediante cotización en bolsa tradicional.
El IPO de Circle representa un hito en este sentido: ha demostrado concretamente que un proyecto cripto puede recorrer todo el camino desde la financiación seed, pasando por las rondas A y sucesivas, hasta la cotización en mercados públicos regulados. Esta visibilidad de una vía de salida creíble ha reducido significativamente la percepción del riesgo que caracterizaba las inversiones en el sector.
Las Digital Asset Treasury: del trend a la búsqueda de la calidad gerencial
Las Digital Asset Treasury (DAT) ejemplifican perfectamente esta transición hacia la racionalidad. Si consideramos la evolución histórica: era posible comprar petróleo crudo directamente o poseer acciones de una petrolera grande. La elección accionarial prevalecía porque representaba una “máquina” generadora de valor continuo—extracción, refinamiento, comercialización.
Las DAT en el contexto de los activos digitales cumplen exactamente este papel: no poseen pasivamente criptomonedas, sino que las gestionan activamente para generar rendimientos superiores. La reciente desaceleración del mercado hacia las DAT no representa una desaparición, sino una maduración. Los inversores han entendido que el valor depende principalmente de la capacidad ejecutiva del equipo gestor, no solo de la propiedad del activo subyacente.
Esto es una señal positiva de racionalidad de mercado. En los próximos años, las estructuras de gestión activa seguirán evolucionando, y quizás incluso las fundaciones de los proyectos blockchain se transformen en DATs reales, aplicando herramientas profesionales de los mercados de capital en lugar de operar como entidades meramente administrativas.
Geográficamente, el auge de las DAT en Estados Unidos podría estar llegando a su fin, pero Asia-Pacífico y América Latina aún ofrecen oportunidades de crecimiento significativas. Sin embargo, prevalecerán únicamente las estructuras lideradas por equipos con capacidad demostrada para hacer crecer constantemente las carteras.
Las tendencias de inversión de la próxima década
Mirando a las próximas oportunidades de inversión, emergen dos direcciones estratégicas principales.
La tokenización representa el tema dominante a largo plazo. Aunque se discute desde 2015, es una transformación que requerirá décadas para desarrollarse completamente. El sector acaba de salir de la fase teórica para entrar en la fase operativa con instituciones y clientes reales. La implementación actual consiste en “copiar y pegar” activos en la blockchain para obtener eficiencia y acceso global. Pero el verdadero potencial reside en la programabilidad: estos activos pueden ser controlados mediante smart contracts, creando nuevos productos financieros y mecanismos de gestión del riesgo antes imposibles.
La tecnología de zero-knowledge proof (ZK-TLS), o “prueba de red”, resuelve un problema fundamental de la blockchain: el “basura entra, basura sale”. Los datos off-chain—extractos bancarios, históricos de transacciones, comportamientos de usuarios de aplicaciones tradicionales—ahora pueden verificarse y llevarse a la cadena sin exponer la información sensible. Esto permite que los datos comportamentales de Robinhood o Uber interactúen de forma segura con los mercados de capital on-chain, creando aplicaciones completamente innovadoras.
De manera significativa, JPMorgan fue uno de los primeros socios de Zcash y Starkware, demostrando que la intuición teórica existe desde hace tiempo, pero solo ahora la infraestructura tecnológica y el talento son suficientes para aplicaciones a gran escala.
En el ecosistema de la tokenización, las stablecoins representan la aplicación definitiva. Con una regulación cada vez más definida, las stablecoins están realizando el verdadero potencial de la “moneda sobre la propiedad intelectual”, haciendo que los pagos globales sean extremadamente económicos y transparentes. En América Latina y el Sudeste Asiático, han sido la clave de acceso más efectiva para la adopción masiva de criptomonedas.
Otra categoría en explosión son las aplicaciones para consumidores y los mercados predictivos. Desde la plataforma pionera Augur hasta los mercados contemporáneos como Polymarket, el sector vive un crecimiento exponencial. Estas herramientas democratizan la creación de mercados en los que se puede apostar sobre cualquier tema—resultados empresariales, eventos deportivos—ofreciendo tanto entretenimiento como un mecanismo eficiente y descentralizado de descubrimiento de información. El potencial regulatorio y económico aún está en gran medida por explorar, pero podría aportar una cantidad de información sin precedentes a los sectores de noticias y trading.
En términos generales, los mercados de capital on-chain no representan simplemente una copia de los mercados tradicionales. En América Latina, muchas personas realizan su primera inversión financiera comprando Bitcoin en plataformas como Bitso, saltándose completamente la experiencia con los mercados bursátiles tradicionales. Sin embargo, podrían acceder inmediatamente a derivados complejos como los perpetuals. Este “salto generacional financiero” podría significar que estos cohortes nunca utilicen las herramientas de Wall Street, que percibirán como ineficientes e incomprensibles.
Comparaciones críticas: ¿qué camino para el futuro?
En un horizonte de inversión de tres años, la elección entre poseer acciones de Robinhood (HOOD) o Coinbase (COIN) revela visiones diferentes del sector. Robinhood busca una integración vertical completa—desde la compensación hasta el trading—hacia una plataforma fintech totalmente controlada. Coinbase tiene una ambición aún mayor—llevar completamente on-chain toda la finanza—pero requiere 10-20 años para realizarse plenamente. A corto plazo (tres años), Robinhood podría ofrecer resultados más tangibles.
Sobre las “blockchains de pago dedicadas” para las stablecoins, el debate sigue abierto. Una blockchain optimizada específicamente para escenarios de pago—con escalabilidad y privacidad superiores—tiene valor intrínseco. Una cadena lanzada por Stripe, aunque no neutral, podría alcanzar una escala significativa gracias a los recursos de la empresa matriz. Sin embargo, a largo plazo, el valor tiende a concentrarse en los usuarios, no en las plataformas que intentan controlarlos. Los usuarios prefieren entornos abiertos y líquidos a cadenas propietarias.
En cuanto a la privacidad como sector de inversión, las posiciones divergen: podría ser una función integrada en casi todas las aplicaciones, difícil de captar valor por sí sola, ya que los avances tecnológicos tienden a hacerse open source. Sin embargo, a nivel empresarial e institucional, la privacidad representa una necesidad genuina, y la verdadera oportunidad consiste en combinar la tecnología con la compliance, creando soluciones comerciales que se conviertan en estándares industriales.
Los fundamentales a menudo ignorados: lock-up y gobernanza
Una cuestión frecuentemente discutida en círculos cripto es el período de lock-up de los tokens de los fundadores. Algunos defienden términos de cuatro años, otros la liberación inmediata. Sin embargo, la cuestión se basa en un supuesto erróneo: que el éxito depende del momento del desbloqueo. La realidad del venture capital es que el 98% de los proyectos fracasan. La causa principal no es el diseño del lock-up, sino la falta de valor auténtico creado.
No obstante, desde un punto de vista de diseño, un período de lock-up razonable (2-4 años) sigue siendo necesario: permite al equipo desarrollar el producto y alcanzar los hitos, evitando caídas tempranas del precio que sabotean los objetivos a largo plazo. Crucial: los períodos de lock-up deben ser iguales para fundadores e inversores. Si un inversor busca cláusulas especiales para salir anticipadamente, indica que nunca tuvo la intención de mantener a largo plazo—una señal de alarma devastadora para el proyecto.
La guerra de las L1: aún lejos de terminar
La competencia entre layer 1 públicas continuará, aunque menos frenéticamente que en el pasado. No surgirán muchas nuevas L1 competitivas, pero las consolidadas persistirán gracias a sus respectivas comunidades y ecosistemas. La atención se centra en cómo las L1 puedan realmente capturar valor—una pregunta aún en fase de investigación metodológica.
Aún no es apropiado declarar muertas a las L1 tradicionales. La tecnología evoluciona constantemente, al igual que los mecanismos de captura de valor. Solana es un caso emblemático: declarada repetidamente muerta, sigue demostrando ser vital para quienes mantienen confianza en su potencial. Donde existe actividad on-chain, emergen mecanismos para capturar valor. Fundamentalmente, “las tarifas de prioridad lo deciden todo”: la competencia siempre genera valor.