La lucha por la presidencia de la Reserva Federal se intensifica: los fondos ya han apostado, ¿qué está prediciendo el mercado?

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El olfato del mercado de capitales es siempre el más agudo.

En la predicción del mercado Polymarket sobre la nominación del presidente de la Reserva Federal, en las últimas dos semanas se ha producido una sorprendente reversión: Hasset, que anteriormente lideraba con autoridad, vio su probabilidad de victoria caer del más del 80% a principios de diciembre, mientras que el exmiembro de la Junta de la Reserva Federal, Waugh, aprovechó la oportunidad y en un momento alcanzó un 45%, incluso superando a su oponente. Aunque los datos más recientes muestran que Hasset vuelve a liderar (53% contra 27%), esta “batalla por la sucesión”, que parecía estar decidida, sufrió un giro impredecible tras una reunión en la Casa Blanca entre Trump y Waugh.

Esto no es solo una disputa por cargos, sino una reevaluación del mercado sobre la lógica de la liquidez en dólares en los próximos cuatro años: elegir mal a la persona puede significar caminos de política monetaria completamente diferentes.

¿Por qué de repente cambian los fondos del mercado?

Si piensas que esta competencia es solo un juego de poder interno en la Casa Blanca, estás subestimando la influencia de las élites de Wall Street.

Según informes de los medios, el CEO de JPMorgan, Jamie Dimon, expresó claramente su apoyo a Waugh en una reciente cumbre privada de grandes gestores de fondos, y señaló que Hasset podría estar implementando políticas de reducción de tasas demasiado agresivas para complacer a Trump, lo que podría desencadenar una inflación descontrolada. Esta declaración refleja la voz colectiva de los banqueros de Wall Street: no les preocupa tanto la reducción de tasas en sí, sino la inundación de liquidez sin control.

Los detalles posteriores son aún más interesantes. En una declaración pública, Hasset intentó mostrar su “independencia” del mercado de bonos. Cuando se le preguntó sobre la influencia de Trump en las decisiones de la Fed, enfatizó que “no tendrá ninguna influencia”, y añadió que “si la inflación sube del 2.5% al 4%, entonces no se podrán bajar las tasas”.

Este tipo de declaraciones, típicas de un presidente de banco central, estaban destinadas a tranquilizar a los operadores de bonos, pero podrían haberle restado puntos a Trump tras la reunión. La razón es simple: Trump ahora necesita un socio “obediente”, no otro Powell que predique. Y justo después de estas declaraciones, la reunión entre Trump y Waugh empezó a ser cubierta por los medios, y tras ella, Trump cambió su tono diciendo que “ambos Kevin son excelentes”.

Waugh: el “viejo” olvidado y la esperanza reavivada

Waugh no es un outsider que apareció de la nada. Durante el primer mandato de Trump, casi lo consiguió todo.

En 2017, con solo 35 años, Waugh, como el miembro más joven en la historia de la Fed, compitió en la última ronda de selección contra Powell. Como asistente clave de Bernanke durante la crisis financiera de 2008, se esperaba que fuera el nuevo presidente, pero perdió ante Powell, quien fue muy respaldado por el entonces Secretario del Tesoro, Mnuchin.

Ahora, cuatro años después, parece que Trump está corrigiendo ese “error”. A finales del año pasado, el Wall Street Journal informó, citando fuentes, que Trump consideraba nombrar a Waugh como Secretario del Tesoro. Se puede decir que Waugh nunca ha estado fuera del radar de Trump.

La red de relaciones de Waugh es su principal carta: su suegro es Ronald Laney, heredero de Estée Lauder y multimillonario, quien no solo es un financista de larga data de Trump, sino también su compañero de universidad y amigo cercano. Además, Waugh es amigo del actual Secretario del Tesoro, Yellen. Esta red de conexiones lo hace percibir naturalmente como “uno de los suyos” por Trump.

Desde el punto de vista profesional, Waugh posee todos los atributos de la élite de Wall Street: Licenciado en Economía por Stanford, Doctor en Derecho por Harvard, veterano en fusiones y adquisiciones en Morgan Stanley, figura clave en las políticas económicas del gobierno de Bush Jr., y miembro de la Junta de la Fed. Esta identidad multifacética le permite entender las reglas del juego en Wall Street y conectar sin problemas con el núcleo de Trump.

Dos visiones completamente diferentes de la política monetaria

Si Hasset representa una “flexibilidad dovish”, Waugh simboliza una “reforma precisa”.

Como uno de los más agudos opositores a las políticas de Quantitative Easing (QE) en los últimos quince años, Waugh ha criticado repetidamente el uso excesivo del balance de la Fed. En 2010, incluso renunció enojado por su fuerte oposición a la segunda ronda de flexibilización cuantitativa (QE2). Su lógica central es clara: “Si dejamos de imprimir dinero en silencio, nuestras tasas de interés podrían ser mucho más bajas”.

Esto significa que Waugh intenta controlar la inflación mediante una reducción activa de la oferta monetaria (QT), liberando espacio para reducir las tasas nominales. No se trata solo de bajar tasas, sino de una operación de alta dificultad que busca “ganar tiempo con espacio”, poniendo fin a la era dominada por la política monetaria en los últimos quince años.

Según un análisis de Deutsche Bank, si Waugh asume el mando, la Fed podría adoptar una estrategia combinada: por un lado, colaborar con Trump en la reducción de tasas, y por otro, reducir agresivamente su balance. Además, a diferencia de Powell, que busca ajustar la economía con pequeños cambios, Waugh aboga por que la Fed “haga lo menos posible”. Critica la expansión de la misión de la Fed en temas como clima y inclusión, y defiende que la Fed y el Tesoro deben cumplir con sus funciones respectivas.

Pero Waugh sigue siendo, en esencia, un “reformista” y no un “revolucionario”. Propone una “restauración” del papel de la Fed, conservando su estructura central, pero eliminando las políticas erróneas de los últimos diez años. Si toma el control, la Fed volverá a su misión fundamental: defender la estabilidad de la moneda y de los precios, en lugar de asumir tareas que corresponden al ámbito fiscal.

Consideraciones a largo plazo

Para los activos criptográficos y las acciones tecnológicas, acostumbrados a la liquidez “alimentada”, la llegada de Waugh sería un desafío a corto plazo. En su visión, la liquidez ilimitada no solo es un veneno, sino un problema que debe eliminarse sistemáticamente.

Pero a largo plazo, Waugh podría ser un verdadero “aliado”, gracias a su aprecio por el libre mercado y la desregulación, y su optimismo sobre el futuro de la economía estadounidense. Cree que la IA y la desregulación impulsarán una explosión de productividad similar a la de los años 80. Además, es uno de los pocos altos cargos que ha invertido en proyectos de criptomonedas, incluyendo el stablecoin Basis y la gestora de fondos de criptomonedas Bitwise.

Esto sin duda sienta las bases para una recuperación saludable de los activos financieros tras la desinflación de la burbuja.

Por supuesto, Waugh y Trump no siempre están en sintonía. La mayor incertidumbre radica en la política comercial: Waugh es un firme defensor del libre comercio y ha criticado públicamente los aranceles de Trump, advirtiendo que podrían llevar a un “aislamiento económico”. Cómo equilibrar “mantener la credibilidad del dólar” y “cumplir con las demandas de Trump de aranceles y recortes de tasas” será su mayor prueba.

La lógica final del poder

El núcleo de esta competencia entre “dos Kevins” es la elección de dos caminos para el mercado.

Elegir a Hasset sería una fiesta de liquidez, con la Fed siguiendo las instrucciones de la Casa Blanca, posiblemente convirtiéndose en un animador del mercado bursátil. En el corto plazo, el Nasdaq y BTC podrían dispararse a la luna, pero a costa de una inflación descontrolada y una mayor pérdida de confianza en el dólar.

Elegir a Waugh probablemente signifique una reforma quirúrgica: en el corto plazo, el mercado podría experimentar dolor por el endurecimiento de la liquidez, pero gracias a la desregulación y a una política monetaria prudente, los inversores a largo plazo y los bancos de Wall Street estarían más tranquilos.

Pero, independientemente de quién gane, un hecho no cambiará: en 2020, Trump solo podía criticar a Powell en Twitter; en 2025, con una victoria aplastante, Trump ya no estará satisfecho con ser solo un espectador.

Los actores en escena, ya sea Hasset o Waugh, quizás determinen el rumbo de la historia del mercado en los próximos cuatro años, pero el director de esta obra, ya tiene las riendas firmemente en manos de Trump.

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