La lucha del gobierno filipino por arrestar a figuras de alto nivel relacionadas con el escándalo de control de inundaciones ha expuesto más que simples retrasos en los plazos: revela una brecha cada vez mayor entre las expectativas públicas y la capacidad institucional. El presidente Ferdinand R. Marcos, Jr. prometió una acción decisiva para Navidad, pero semanas después, solo oficiales de nivel medio y contratistas permanecen detenidos, mientras que los beneficiarios principales de las supuestas irregularidades siguen sin ser tocados.
El patrón que nadie quiere ver
A diciembre, 87 personas han enfrentado cargos penales y administrativos, con 23 formalmente acusadas en tribunales. La contratista Cezarah Rowena C. Discaya se encuentra en la cárcel de Lapu-Lapu en Cebu tras la orden de arresto emitida por la Oficina Nacional de Investigación. Tres exingenieros del Departamento de Obras Públicas y Carreteras permanecen bajo custodia del Senado. Sin embargo, Elizaldy S. Co, exrepresentante del Partido-list y ex presidente del Comité de Asignaciones de la Cámara, sigue siendo un prófugo en el extranjero, con su pasaporte cancelado, mientras enfrenta múltiples cargos de malversación por aproximadamente P5 mil millones en supuestos sobornos.
La disparidad cuenta una historia. El profesor de ciencias políticas de la Universidad de Makati, Ederson DT. Tapia, observó que “lo que inquieta a la gente no es que no se hayan producido arrestos. Es que ocurrieron de una manera muy familiar.” Las investigaciones parecen avanzar hasta estancarse en niveles superiores—un patrón que el público reconoce y resiente.
Más allá de los números: la confianza se erosiona en silencio
Las consecuencias son más severas en casos de control de inundaciones que en escándalos financieros abstractos. “Cuando se malversan fondos, las comunidades no solo pierden dinero en papel. Pierden hogares, seguridad, dignidad,” explicó Tapia. La inacción contra quienes orquestan estos esquemas no se percibe como un retraso procedimental, sino como una aplicación selectiva de la ley.
Los números reflejan esta erosión. La calificación de confianza neta del presidente Marcos cayó a -3 desde +7 entre octubre y diciembre, según datos de Social Weather Stations. La confianza negativa supera a la positiva por primera vez en su mandato. Hansley A. Juliano, profesor de ciencias políticas en la Universidad Ateneo de Manila, advirtió que “esta estancación no llevará a nada nuevo a menos que caigan cabezas, literal o figuradamente.”
Raíces sistémicas, no fallos individuales
La corrupción a gran escala rara vez opera a través de actores aislados. El señor Tapia señaló a las redes de élite y el clientelismo político como facilitadores estructurales—relaciones que utilizan la demora, la complejidad y la distancia procedimental como armas. A medida que los casos se prolongan, las figuras de menor rango asumen las consecuencias, mientras que los arquitectos principales permanecen protegidos.
La Comisión Independiente de Infraestructura, encargada de la investigación, se ha vuelto controvertida. Renuncias y cuestionamientos sobre transparencia e independencia han socavado a la misma institución que debía restaurar la confianza.
Carl Marc L. Ramota, profesor de la Universidad de Filipinas en Manila, destacó una realidad institucional: “Aunque celebramos la acusación de varios funcionarios y contratistas del DPWH, la realidad es que ningún funcionario público de alto rango ha sido arrestado por cargos de corrupción.” Los retrasos prolongados corren el riesgo de perder evidencia, testigos y de seguir erosionando la credibilidad institucional.
El cálculo más amplio
Juliano señaló que los campamentos políticos rivales, particularmente los aliados del expresidente Rodrigo R. Duterte, están consolidando apoyo de cara a las elecciones de 2028. Una administración debilitada cede impulso a través de escándalos no resueltos y patrones de clientelismo arraigados.
Sin embargo, Antonio A. Ligon, profesor de derecho y negocios en la Universidad De La Salle, instó a la prudencia. El énfasis del sistema de justicia en el debido proceso, los factores administrativos estacionales y las limitaciones de recursos en la Oficina del Fiscal General ralentizan los procedimientos. Aún falta un enfoque coordinado y de toda la administración.
La pregunta ahora es si la reforma institucional puede acelerar la rendición de cuentas antes de que la confianza pública se desgaste irremediablemente. El clima de voluntad política importa mucho menos que el cambio estructural—y ese sigue siendo en gran medida un aspecto no abordado.
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Cuando las promesas anticorrupción se desvanecen: Filipinas enfrenta una brecha de responsabilidad
La lucha del gobierno filipino por arrestar a figuras de alto nivel relacionadas con el escándalo de control de inundaciones ha expuesto más que simples retrasos en los plazos: revela una brecha cada vez mayor entre las expectativas públicas y la capacidad institucional. El presidente Ferdinand R. Marcos, Jr. prometió una acción decisiva para Navidad, pero semanas después, solo oficiales de nivel medio y contratistas permanecen detenidos, mientras que los beneficiarios principales de las supuestas irregularidades siguen sin ser tocados.
El patrón que nadie quiere ver
A diciembre, 87 personas han enfrentado cargos penales y administrativos, con 23 formalmente acusadas en tribunales. La contratista Cezarah Rowena C. Discaya se encuentra en la cárcel de Lapu-Lapu en Cebu tras la orden de arresto emitida por la Oficina Nacional de Investigación. Tres exingenieros del Departamento de Obras Públicas y Carreteras permanecen bajo custodia del Senado. Sin embargo, Elizaldy S. Co, exrepresentante del Partido-list y ex presidente del Comité de Asignaciones de la Cámara, sigue siendo un prófugo en el extranjero, con su pasaporte cancelado, mientras enfrenta múltiples cargos de malversación por aproximadamente P5 mil millones en supuestos sobornos.
La disparidad cuenta una historia. El profesor de ciencias políticas de la Universidad de Makati, Ederson DT. Tapia, observó que “lo que inquieta a la gente no es que no se hayan producido arrestos. Es que ocurrieron de una manera muy familiar.” Las investigaciones parecen avanzar hasta estancarse en niveles superiores—un patrón que el público reconoce y resiente.
Más allá de los números: la confianza se erosiona en silencio
Las consecuencias son más severas en casos de control de inundaciones que en escándalos financieros abstractos. “Cuando se malversan fondos, las comunidades no solo pierden dinero en papel. Pierden hogares, seguridad, dignidad,” explicó Tapia. La inacción contra quienes orquestan estos esquemas no se percibe como un retraso procedimental, sino como una aplicación selectiva de la ley.
Los números reflejan esta erosión. La calificación de confianza neta del presidente Marcos cayó a -3 desde +7 entre octubre y diciembre, según datos de Social Weather Stations. La confianza negativa supera a la positiva por primera vez en su mandato. Hansley A. Juliano, profesor de ciencias políticas en la Universidad Ateneo de Manila, advirtió que “esta estancación no llevará a nada nuevo a menos que caigan cabezas, literal o figuradamente.”
Raíces sistémicas, no fallos individuales
La corrupción a gran escala rara vez opera a través de actores aislados. El señor Tapia señaló a las redes de élite y el clientelismo político como facilitadores estructurales—relaciones que utilizan la demora, la complejidad y la distancia procedimental como armas. A medida que los casos se prolongan, las figuras de menor rango asumen las consecuencias, mientras que los arquitectos principales permanecen protegidos.
La Comisión Independiente de Infraestructura, encargada de la investigación, se ha vuelto controvertida. Renuncias y cuestionamientos sobre transparencia e independencia han socavado a la misma institución que debía restaurar la confianza.
Carl Marc L. Ramota, profesor de la Universidad de Filipinas en Manila, destacó una realidad institucional: “Aunque celebramos la acusación de varios funcionarios y contratistas del DPWH, la realidad es que ningún funcionario público de alto rango ha sido arrestado por cargos de corrupción.” Los retrasos prolongados corren el riesgo de perder evidencia, testigos y de seguir erosionando la credibilidad institucional.
El cálculo más amplio
Juliano señaló que los campamentos políticos rivales, particularmente los aliados del expresidente Rodrigo R. Duterte, están consolidando apoyo de cara a las elecciones de 2028. Una administración debilitada cede impulso a través de escándalos no resueltos y patrones de clientelismo arraigados.
Sin embargo, Antonio A. Ligon, profesor de derecho y negocios en la Universidad De La Salle, instó a la prudencia. El énfasis del sistema de justicia en el debido proceso, los factores administrativos estacionales y las limitaciones de recursos en la Oficina del Fiscal General ralentizan los procedimientos. Aún falta un enfoque coordinado y de toda la administración.
La pregunta ahora es si la reforma institucional puede acelerar la rendición de cuentas antes de que la confianza pública se desgaste irremediablemente. El clima de voluntad política importa mucho menos que el cambio estructural—y ese sigue siendo en gran medida un aspecto no abordado.