En un movimiento sorprendente, sacudió los mercados energéticos mundiales, dando a Moscú y Pekín la señal verde para un proyecto de tubería gigante para transportar gas natural. Según el acuerdo firmado por los presidentes durante la reunión de la Organización de Cooperación de Shanghái en Tianjin, se avanzará con la línea “Siberia 2”, un proyecto cuyas negociaciones han estado suspendidas durante años debido a desacuerdos sobre precios y costos.
Las verdaderas motivaciones detrás del acuerdo
El proyecto tiene objetivos estratégicos multifacéticos. Para Rusia, es una alternativa vital a los mercados europeos perdidos debido a la crisis ucraniana. La capacidad anual planificada es de 50 mil millones de metros cúbicos, lo que equivale a un tercio de las importaciones de gas natural de China, convirtiéndolo en una solución parcial a la crisis de exportaciones rusas. Para China, el mensaje político es claro: rechazar las presiones occidentales y mantener la independencia en sus decisiones energéticas.
Pero hay otro significado: la señal explícita de rechazo a la hegemonía estadounidense en los mercados de combustibles fósiles, especialmente cuando Washington busca expandir su influencia como principal fuente de gas natural licuado.
Impactos en el mercado y la reconfiguración del mapa global
Los indicadores económicos apuntan a efectos profundos. Según la Agencia Internacional de Energía, entre 2025 y 2030 se agregarán 300 mil millones de metros cúbicos de nuevas capacidades de exportación de gas natural licuado a nivel mundial, una cantidad que se acerca a lo que consumió toda la Unión Europea en 2024.
Esta capacidad adicional se distribuirá entre varios países: aproximadamente el 50% provendrá de Estados Unidos, mientras que la otra mitad se repartirá entre Canadá, Qatar, Malasia, Mozambique, México, Argentina, Senegal, Nigeria y otros. Pero la introducción de grandes volúmenes de gas a través de tuberías disminuirá la viabilidad económica de estos nuevos proyectos con altos costos de capital, especialmente en Estados Unidos.
¿Por qué China prefiere las tuberías de gas al gas licuado?
La respuesta radica en la economía pura y los riesgos geopolíticos. El gas por tubería es mucho más barato y más estable en precio, lo que proporciona protección contra la volatilidad de los mercados regionales de gas natural licuado. Además, existen preocupaciones de seguridad relacionadas con el transporte de gas por mar a largas distancias y el cruce de puntos estratégicos como el Canal de Suez y el Estrecho de Ormuz, lo que aumenta los riesgos de interrupciones.
La demanda de gas natural en China actualmente alcanza aproximadamente 80 mil millones de metros cúbicos al año, convirtiendo a Pekín en el mayor importador mundial. La demanda aumenta debido a la búsqueda de alternativas más limpias al carbón en generación eléctrica, calefacción y aplicaciones industriales.
Los obstáculos que han sido un impedimento durante años
A pesar de la firma del memorando, los detalles del acuerdo siguen siendo complejos. La principal cuestión que retrasó las negociaciones anteriormente giraba en torno a la cantidad: Rusia quería vender 50 mil millones de metros cúbicos, mientras que China era cautelosa respecto a comprometerse con esa cantidad. La segunda cuestión se relaciona con la fijación de precios: Pekín abogaba por precios locales subsidiados, mientras que Gazprom (la compañía estatal de gas rusa) insistía en vincular los precios a los mercados asiáticos, que suelen ser aproximadamente el doble.
Cómo resolver estas diferencias aún no está claro, pero la voluntad política ahora es más fuerte.
El papel estratégico de Mongolia
La línea de tuberías atravesará el corazón de Mongolia, un punto que no puede ser ignorado. El gobierno de Ulán Bator ha brindado su apoyo continuo al proyecto, y su actual presidente lo confirmó en una reunión tripartita con ambas partes. Para Mongolia, el proyecto representa una oportunidad para obtener tarifas de tránsito y asegurar suministros de gas que respalden su crecimiento económico, en lugar de depender actualmente del carbón local.
La verdadera carta ganadora: la autosuficiencia china
Quizás el factor más importante, que no recibe suficiente atención, son las capacidades de producción local de China. Actualmente, hasta el 60% de sus necesidades proviene de la producción interna, y esta proporción ha estado en aumento constante desde 2017.
Mientras que una parte significativa provino de la exploración convencional, China ha dado prioridad estratégica al desarrollo de fuentes no convencionales masivas: gas de esquisto, gas de lutita y gas de formaciones compactas. Según las estimaciones, la producción de estas fuentes no convencionales superará a la producción convencional para fin de año, y seguirá creciendo.
Esto significa que China posee en realidad cartas más fuertes de lo que parece. Mientras Rusia depende de Pekín para aproximadamente la mitad de sus exportaciones de petróleo, esto representa solo el 17.5% de las importaciones de China. La diversificación de fuentes y la capacidad de producción propia otorgan a China una verdadera flexibilidad en la negociación y contratación, y ese es el núcleo de su estrategia moderna de gestión de riesgos energéticos.
Las perspectivas del gas natural indican que este acuerdo es solo un capítulo más en una historia más larga de reconfiguración de los mapas energéticos mundiales.
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Un nuevo cambio en el equilibrio de poder energético mundial: ¿Qué significa el acuerdo de gas ruso-chino?
En un movimiento sorprendente, sacudió los mercados energéticos mundiales, dando a Moscú y Pekín la señal verde para un proyecto de tubería gigante para transportar gas natural. Según el acuerdo firmado por los presidentes durante la reunión de la Organización de Cooperación de Shanghái en Tianjin, se avanzará con la línea “Siberia 2”, un proyecto cuyas negociaciones han estado suspendidas durante años debido a desacuerdos sobre precios y costos.
Las verdaderas motivaciones detrás del acuerdo
El proyecto tiene objetivos estratégicos multifacéticos. Para Rusia, es una alternativa vital a los mercados europeos perdidos debido a la crisis ucraniana. La capacidad anual planificada es de 50 mil millones de metros cúbicos, lo que equivale a un tercio de las importaciones de gas natural de China, convirtiéndolo en una solución parcial a la crisis de exportaciones rusas. Para China, el mensaje político es claro: rechazar las presiones occidentales y mantener la independencia en sus decisiones energéticas.
Pero hay otro significado: la señal explícita de rechazo a la hegemonía estadounidense en los mercados de combustibles fósiles, especialmente cuando Washington busca expandir su influencia como principal fuente de gas natural licuado.
Impactos en el mercado y la reconfiguración del mapa global
Los indicadores económicos apuntan a efectos profundos. Según la Agencia Internacional de Energía, entre 2025 y 2030 se agregarán 300 mil millones de metros cúbicos de nuevas capacidades de exportación de gas natural licuado a nivel mundial, una cantidad que se acerca a lo que consumió toda la Unión Europea en 2024.
Esta capacidad adicional se distribuirá entre varios países: aproximadamente el 50% provendrá de Estados Unidos, mientras que la otra mitad se repartirá entre Canadá, Qatar, Malasia, Mozambique, México, Argentina, Senegal, Nigeria y otros. Pero la introducción de grandes volúmenes de gas a través de tuberías disminuirá la viabilidad económica de estos nuevos proyectos con altos costos de capital, especialmente en Estados Unidos.
¿Por qué China prefiere las tuberías de gas al gas licuado?
La respuesta radica en la economía pura y los riesgos geopolíticos. El gas por tubería es mucho más barato y más estable en precio, lo que proporciona protección contra la volatilidad de los mercados regionales de gas natural licuado. Además, existen preocupaciones de seguridad relacionadas con el transporte de gas por mar a largas distancias y el cruce de puntos estratégicos como el Canal de Suez y el Estrecho de Ormuz, lo que aumenta los riesgos de interrupciones.
La demanda de gas natural en China actualmente alcanza aproximadamente 80 mil millones de metros cúbicos al año, convirtiendo a Pekín en el mayor importador mundial. La demanda aumenta debido a la búsqueda de alternativas más limpias al carbón en generación eléctrica, calefacción y aplicaciones industriales.
Los obstáculos que han sido un impedimento durante años
A pesar de la firma del memorando, los detalles del acuerdo siguen siendo complejos. La principal cuestión que retrasó las negociaciones anteriormente giraba en torno a la cantidad: Rusia quería vender 50 mil millones de metros cúbicos, mientras que China era cautelosa respecto a comprometerse con esa cantidad. La segunda cuestión se relaciona con la fijación de precios: Pekín abogaba por precios locales subsidiados, mientras que Gazprom (la compañía estatal de gas rusa) insistía en vincular los precios a los mercados asiáticos, que suelen ser aproximadamente el doble.
Cómo resolver estas diferencias aún no está claro, pero la voluntad política ahora es más fuerte.
El papel estratégico de Mongolia
La línea de tuberías atravesará el corazón de Mongolia, un punto que no puede ser ignorado. El gobierno de Ulán Bator ha brindado su apoyo continuo al proyecto, y su actual presidente lo confirmó en una reunión tripartita con ambas partes. Para Mongolia, el proyecto representa una oportunidad para obtener tarifas de tránsito y asegurar suministros de gas que respalden su crecimiento económico, en lugar de depender actualmente del carbón local.
La verdadera carta ganadora: la autosuficiencia china
Quizás el factor más importante, que no recibe suficiente atención, son las capacidades de producción local de China. Actualmente, hasta el 60% de sus necesidades proviene de la producción interna, y esta proporción ha estado en aumento constante desde 2017.
Mientras que una parte significativa provino de la exploración convencional, China ha dado prioridad estratégica al desarrollo de fuentes no convencionales masivas: gas de esquisto, gas de lutita y gas de formaciones compactas. Según las estimaciones, la producción de estas fuentes no convencionales superará a la producción convencional para fin de año, y seguirá creciendo.
Esto significa que China posee en realidad cartas más fuertes de lo que parece. Mientras Rusia depende de Pekín para aproximadamente la mitad de sus exportaciones de petróleo, esto representa solo el 17.5% de las importaciones de China. La diversificación de fuentes y la capacidad de producción propia otorgan a China una verdadera flexibilidad en la negociación y contratación, y ese es el núcleo de su estrategia moderna de gestión de riesgos energéticos.
Las perspectivas del gas natural indican que este acuerdo es solo un capítulo más en una historia más larga de reconfiguración de los mapas energéticos mundiales.