A finales de 2025, el mercado de criptomonedas enfrentó una caída dramática que desmanteló las expectativas acumuladas durante meses. Lo que prometía ser un cierre de año espectacular para Bitcoin y altcoins terminó siendo uno de los peores finales de año en la historia reciente del sector. Las promesas de precios récord, respaldadas por flujos de ETF, tesorerías de activos digitales (DATs) estratégicas y patrones estacionales históricamente favorables, se evaporaron en pocas semanas. La caída del mercado crypto reveló una verdad incómoda: la institucionalización no eliminó la fragilidad, solo la disfrazó de una nueva forma.
De la euforia inicial al colapso: Cómo fallaron los catalizadores
Al entrar en el cuarto trimestre de 2025, los inversores buceaban en un entusiasmo sin precedentes. Bitcoin surfeaba una ola de fuertes entradas de ETF, mientras que analistas desempolvaban gráficos que demostraban que los últimos tres meses del año históricamente ofrecían las rachas ganadoras más confiables. Las tesorerías de activos digitales (DATs) — empresas cotizadas en bolsa que replicaban la estrategia de acumulación de Michael Saylor — se promocionaban como apuestas apalancadas para la próxima subida. Añadiendo una política monetaria potencialmente más flexible y un entorno político favorable en Washington, muchos inversores se convencieron de que bitcoin alcanzaría nuevos precios récord antes de año nuevo.
Sin embargo, eso no sucedió. Una cascada de liquidaciones por 19 mil millones de dólares en octubre abrió un agujero devastador en la liquidez del mercado, initiando una caída que se propagaría por todos los rincones del sector. Bitcoin colapsó de $122,500 a $107,000 en cuestión de horas, con descensos porcentuales aún más severos en el resto de las criptomonedas. Este evento marcó el inicio de una caída persistente que perduraría durante los siguientes meses.
El ciclo descendente de los DATs: De compradores estructurales a vendedores forzados
La estrategia de acumulación de tesorerías de activos digitales prometía un efecto volante en los precios. Empresas cotizadas en bolsa, la mayoría formadas durante 2025, intentaban replicar el modelo de Saylor mediante compras constantes de Bitcoin. Después de un breve período de entusiasmo en primavera, los inversores perdieron interés rápidamente.
Cuando la caída de criptomonedas comenzó en octubre, la dinámica se invirtió completamente. Los precios de las acciones de DATs se desplomaron, con la mayoría cayendo por debajo del valor neto de sus activos. Esta métrica crítica, conocida como NAV (Net Asset Value), limitó su capacidad para emitir nuevas acciones y deuda. Lo que inicialmente fue una fuente de compras constantes se transformó en un mecanismo de presión de venta potencial.
El caso de KindlyMD (NAKA) ilustra el problema: la acción pasó de ser un alto rendidor a una acción de centavo, sus participaciones en Bitcoin ahora valen más del doble que la capitalización de mercado total de la empresa. Muchas otras empresas enfrentan trayectorias similares. Los DATs, en lugar de convertir dinero fiduciario de inversores en participaciones en criptomonedas, comenzaron a utilizar capital para recomprar acciones de su propia empresa. La promesa de un efecto multiplicador se convirtió en una espiral descendente que amenaza con amplificar la caída del mercado si más empresas se ven obligadas a liquidar.
ETFs de altcoins: Entrada promisoria pero con impacto limitado
El debut de ETFs de altcoins al contado en Estados Unidos coincidió desafortunadamente con el deterioro del sentimiento del mercado. A pesar de esto, algunos vehículos lograron captar entradas significativas: los ETFs de Solana acumularon 900 millones de dólares desde finales de octubre, mientras que los de XRP superaron 1.000 millones en flujos netos entrantes en poco más de un mes.
Sin embargo, esta demanda no se tradujo en apoyo de precios. Solana (SOL) ha caído aproximadamente 35% desde el debut de su ETF, mientras que XRP bajó casi 20%. Los ETFs de altcoins menores — Hedera (HBAR) en $0.11, Dogecoin (DOGE) en $0.13 y Litecoin (LTC) en $68.75 — registraron demanda insignificante conforme los inversores abandonaron el apetito por activos de riesgo. La caída demostró que la demanda institucional de ETF no podía contrarrestar la presión de venta masiva del mercado minorista.
Estacionalidad rota: Cuando el patrón histórico falla
Los analistas habían señalado un patrón histórico convincente: desde 2013, el cuarto trimestre promediaba un rendimiento del 77% para Bitcoin, con una ganancia media del 47%. De los últimos doce años, ocho trimestres Q4 mostraron rendimientos positivos — la mejor proporción de aciertos entre todos los trimestres.
El 2025 está en camino de unirse a los años atípicos: 2022, 2019, 2018 y 2014, todos mercados bajistas profundos. Bitcoin ha caído aproximadamente 23% desde principios de octubre. De mantener estos niveles, sería su peor último trimestre en siete años. Los patrones no son reglas — esta lección se aprendió nuevamente de manera costosa.
El vacío de liquidez que amplificó cada movimiento negativo
La cascada de liquidaciones de 19 mil millones de dólares el 10 de octubre fue perjudicial de múltiples formas. Envió a Bitcoin colapsando de $122,500 a $107,000, con descensos porcentuales mucho mayores en altcoins. Muchos creían que la institucionalización a través de ETFs habría hecho inmune a las criptomonedas a estos eventos, pero en realidad reveló que el mercado, dominado históricamente por especulación sin fundamentos, simplemente había adoptado una nueva forma.
Dos meses después de la caída inicial, la liquidez y profundidad del mercado no se recuperaron. Bitcoin tocó un mínimo local el 21 de noviembre en $80,500, recuperándose posteriormente a $94,500 el 9 de diciembre. Actualmente, en enero de 2026, Bitcoin cotiza cerca de $90,050, reflejando continua volatilidad post-caída.
Un indicador crítico reveló la naturaleza de este rebote: el interés abierto continuó cayendo de $30 mil millones a $28 mil millones. Esto demuestra que la recuperación de precios se atribuyó principalmente al cierre de posiciones cortas, no a demanda genuina de nuevos compradores. Esta dinámica — donde los rebotes ocurren sin demanda nueva — es característica de mercados debilitados que experimentan caídas prolongadas.
La ausencia de catalizadores para 2026
Bitcoin y el mercado cripto han tenido rendimiento significativamente inferior a acciones y metales preciosos desde octubre. El Nasdaq Composite subió 5,6% desde el 12 de octubre, el oro aumentó 6,2%, mientras que Bitcoin cayó 21% en el mismo período. Este contraste radical señala dos realidades: los catalizadores de 2025 no cumplieron expectativas y los de 2026 simplemente no están presentes aún.
La narrativa de Trump dominó el año: regulaciones más ligeras, una estrategia Bitcoin para Estados Unidos, flujos de ETFs batiendo récords. Este entusiasmo se desvaneció lentamente conforme la caída ganaba momentum. Ahora, uno de los únicos catalizadores alcistas potenciales es un ciclo de reducción de tasas de la Reserva Federal. Sin embargo, la Fed cortó en septiembre, octubre y diciembre, permitiendo que Bitcoin perdiera 24% de su valor desde la reunión de septiembre. El impacto esperado no materialisó.
Señales de alerta y escenarios de riesgo
Los DATs invirtieron fuertemente en criptomonedas en el pico del ciclo previo, con varios NAV de tesorería cayendo por debajo de uno. CoinShares señaló a principios de diciembre que la burbuja de DAT ya había, en muchos aspectos, reventado. Esto podría conducir a una caída aún mayor en el mercado de criptomonedas conforme algunas empresas enfrenten ventas forzadas en un mercado carente de liquidez.
El CEO de MicroStrategy recientemente insinuó que la empresa podría vender BTC si el mNAV cae significativamente, aunque vale señalar que la compañía sigue recaudando miles de millones de dólares para continuar comprando. Ese escenario se mantiene improbable por ahora, pero la amenaza persiste en el trasfondo.
Del colapso a la oportunidad: Perspectivas para 2026
Existe un enfoque optimista en toda esta debacle. Cuando empresas como estas comienzan a enfrentar dificultades extremas, históricamente suele ser un buen momento para inversores contrarios. Se observó un patrón similar en el mercado bajista de 2022 tras el colapso de Celsius, Three Arrows Capital y FTX. Aquellos que compraron durante la fase más extrema de capitulación posteriormente vieron ganancias significativas.
La caída de criptomonedas en 2025 puede verse como una purga necesaria del mercado, eliminando especulación sin fundamentos y reposicionando el sector. A medida que 2026 avanza, los catalizadores reales — adopción institucional sostenible, regulación clara, casos de uso prácticos — podrían construir los cimientos para una recuperación genuina, en lugar de la impulsada por narrativas especulativas que dominó 2025.
La caída fue severa, pero también reveló la verdadera naturaleza del mercado: las criptomonedas aún responden a dinámicas fundamentales, no simplemente a optimismo institucional. Reconocer esto es el primer paso para construir un mercado más resiliente.
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La caída de las criptomonedas en 2025: Cuando las promesas de fin de año se convirtieron en un derrumbe
A finales de 2025, el mercado de criptomonedas enfrentó una caída dramática que desmanteló las expectativas acumuladas durante meses. Lo que prometía ser un cierre de año espectacular para Bitcoin y altcoins terminó siendo uno de los peores finales de año en la historia reciente del sector. Las promesas de precios récord, respaldadas por flujos de ETF, tesorerías de activos digitales (DATs) estratégicas y patrones estacionales históricamente favorables, se evaporaron en pocas semanas. La caída del mercado crypto reveló una verdad incómoda: la institucionalización no eliminó la fragilidad, solo la disfrazó de una nueva forma.
De la euforia inicial al colapso: Cómo fallaron los catalizadores
Al entrar en el cuarto trimestre de 2025, los inversores buceaban en un entusiasmo sin precedentes. Bitcoin surfeaba una ola de fuertes entradas de ETF, mientras que analistas desempolvaban gráficos que demostraban que los últimos tres meses del año históricamente ofrecían las rachas ganadoras más confiables. Las tesorerías de activos digitales (DATs) — empresas cotizadas en bolsa que replicaban la estrategia de acumulación de Michael Saylor — se promocionaban como apuestas apalancadas para la próxima subida. Añadiendo una política monetaria potencialmente más flexible y un entorno político favorable en Washington, muchos inversores se convencieron de que bitcoin alcanzaría nuevos precios récord antes de año nuevo.
Sin embargo, eso no sucedió. Una cascada de liquidaciones por 19 mil millones de dólares en octubre abrió un agujero devastador en la liquidez del mercado, initiando una caída que se propagaría por todos los rincones del sector. Bitcoin colapsó de $122,500 a $107,000 en cuestión de horas, con descensos porcentuales aún más severos en el resto de las criptomonedas. Este evento marcó el inicio de una caída persistente que perduraría durante los siguientes meses.
El ciclo descendente de los DATs: De compradores estructurales a vendedores forzados
La estrategia de acumulación de tesorerías de activos digitales prometía un efecto volante en los precios. Empresas cotizadas en bolsa, la mayoría formadas durante 2025, intentaban replicar el modelo de Saylor mediante compras constantes de Bitcoin. Después de un breve período de entusiasmo en primavera, los inversores perdieron interés rápidamente.
Cuando la caída de criptomonedas comenzó en octubre, la dinámica se invirtió completamente. Los precios de las acciones de DATs se desplomaron, con la mayoría cayendo por debajo del valor neto de sus activos. Esta métrica crítica, conocida como NAV (Net Asset Value), limitó su capacidad para emitir nuevas acciones y deuda. Lo que inicialmente fue una fuente de compras constantes se transformó en un mecanismo de presión de venta potencial.
El caso de KindlyMD (NAKA) ilustra el problema: la acción pasó de ser un alto rendidor a una acción de centavo, sus participaciones en Bitcoin ahora valen más del doble que la capitalización de mercado total de la empresa. Muchas otras empresas enfrentan trayectorias similares. Los DATs, en lugar de convertir dinero fiduciario de inversores en participaciones en criptomonedas, comenzaron a utilizar capital para recomprar acciones de su propia empresa. La promesa de un efecto multiplicador se convirtió en una espiral descendente que amenaza con amplificar la caída del mercado si más empresas se ven obligadas a liquidar.
ETFs de altcoins: Entrada promisoria pero con impacto limitado
El debut de ETFs de altcoins al contado en Estados Unidos coincidió desafortunadamente con el deterioro del sentimiento del mercado. A pesar de esto, algunos vehículos lograron captar entradas significativas: los ETFs de Solana acumularon 900 millones de dólares desde finales de octubre, mientras que los de XRP superaron 1.000 millones en flujos netos entrantes en poco más de un mes.
Sin embargo, esta demanda no se tradujo en apoyo de precios. Solana (SOL) ha caído aproximadamente 35% desde el debut de su ETF, mientras que XRP bajó casi 20%. Los ETFs de altcoins menores — Hedera (HBAR) en $0.11, Dogecoin (DOGE) en $0.13 y Litecoin (LTC) en $68.75 — registraron demanda insignificante conforme los inversores abandonaron el apetito por activos de riesgo. La caída demostró que la demanda institucional de ETF no podía contrarrestar la presión de venta masiva del mercado minorista.
Estacionalidad rota: Cuando el patrón histórico falla
Los analistas habían señalado un patrón histórico convincente: desde 2013, el cuarto trimestre promediaba un rendimiento del 77% para Bitcoin, con una ganancia media del 47%. De los últimos doce años, ocho trimestres Q4 mostraron rendimientos positivos — la mejor proporción de aciertos entre todos los trimestres.
El 2025 está en camino de unirse a los años atípicos: 2022, 2019, 2018 y 2014, todos mercados bajistas profundos. Bitcoin ha caído aproximadamente 23% desde principios de octubre. De mantener estos niveles, sería su peor último trimestre en siete años. Los patrones no son reglas — esta lección se aprendió nuevamente de manera costosa.
El vacío de liquidez que amplificó cada movimiento negativo
La cascada de liquidaciones de 19 mil millones de dólares el 10 de octubre fue perjudicial de múltiples formas. Envió a Bitcoin colapsando de $122,500 a $107,000, con descensos porcentuales mucho mayores en altcoins. Muchos creían que la institucionalización a través de ETFs habría hecho inmune a las criptomonedas a estos eventos, pero en realidad reveló que el mercado, dominado históricamente por especulación sin fundamentos, simplemente había adoptado una nueva forma.
Dos meses después de la caída inicial, la liquidez y profundidad del mercado no se recuperaron. Bitcoin tocó un mínimo local el 21 de noviembre en $80,500, recuperándose posteriormente a $94,500 el 9 de diciembre. Actualmente, en enero de 2026, Bitcoin cotiza cerca de $90,050, reflejando continua volatilidad post-caída.
Un indicador crítico reveló la naturaleza de este rebote: el interés abierto continuó cayendo de $30 mil millones a $28 mil millones. Esto demuestra que la recuperación de precios se atribuyó principalmente al cierre de posiciones cortas, no a demanda genuina de nuevos compradores. Esta dinámica — donde los rebotes ocurren sin demanda nueva — es característica de mercados debilitados que experimentan caídas prolongadas.
La ausencia de catalizadores para 2026
Bitcoin y el mercado cripto han tenido rendimiento significativamente inferior a acciones y metales preciosos desde octubre. El Nasdaq Composite subió 5,6% desde el 12 de octubre, el oro aumentó 6,2%, mientras que Bitcoin cayó 21% en el mismo período. Este contraste radical señala dos realidades: los catalizadores de 2025 no cumplieron expectativas y los de 2026 simplemente no están presentes aún.
La narrativa de Trump dominó el año: regulaciones más ligeras, una estrategia Bitcoin para Estados Unidos, flujos de ETFs batiendo récords. Este entusiasmo se desvaneció lentamente conforme la caída ganaba momentum. Ahora, uno de los únicos catalizadores alcistas potenciales es un ciclo de reducción de tasas de la Reserva Federal. Sin embargo, la Fed cortó en septiembre, octubre y diciembre, permitiendo que Bitcoin perdiera 24% de su valor desde la reunión de septiembre. El impacto esperado no materialisó.
Señales de alerta y escenarios de riesgo
Los DATs invirtieron fuertemente en criptomonedas en el pico del ciclo previo, con varios NAV de tesorería cayendo por debajo de uno. CoinShares señaló a principios de diciembre que la burbuja de DAT ya había, en muchos aspectos, reventado. Esto podría conducir a una caída aún mayor en el mercado de criptomonedas conforme algunas empresas enfrenten ventas forzadas en un mercado carente de liquidez.
El CEO de MicroStrategy recientemente insinuó que la empresa podría vender BTC si el mNAV cae significativamente, aunque vale señalar que la compañía sigue recaudando miles de millones de dólares para continuar comprando. Ese escenario se mantiene improbable por ahora, pero la amenaza persiste en el trasfondo.
Del colapso a la oportunidad: Perspectivas para 2026
Existe un enfoque optimista en toda esta debacle. Cuando empresas como estas comienzan a enfrentar dificultades extremas, históricamente suele ser un buen momento para inversores contrarios. Se observó un patrón similar en el mercado bajista de 2022 tras el colapso de Celsius, Three Arrows Capital y FTX. Aquellos que compraron durante la fase más extrema de capitulación posteriormente vieron ganancias significativas.
La caída de criptomonedas en 2025 puede verse como una purga necesaria del mercado, eliminando especulación sin fundamentos y reposicionando el sector. A medida que 2026 avanza, los catalizadores reales — adopción institucional sostenible, regulación clara, casos de uso prácticos — podrían construir los cimientos para una recuperación genuina, en lugar de la impulsada por narrativas especulativas que dominó 2025.
La caída fue severa, pero también reveló la verdadera naturaleza del mercado: las criptomonedas aún responden a dinámicas fundamentales, no simplemente a optimismo institucional. Reconocer esto es el primer paso para construir un mercado más resiliente.