En la vejez, Darwin tenía una costumbre: cada tarde paseaba por el sendero de su jardín. Él llamaba a ese camino "el sendero del pensamiento", y daba aproximadamente cinco vueltas, cada una de unos quince minutos. Una vez, Huxley vino a visitarlo y, con curiosidad, le preguntó: "¿No te aburres de caminar de un lado a otro en ese camino todos los días?" Darwin respondió: "No estoy simplemente caminando, estoy pensando en cosas." Huxley volvió a preguntar: "¿Y en qué has estado pensando?"

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