Hace diez años, recién graduado, con mis ahorros, entré en el mundo de las criptomonedas, mientras mis compañeros seguían el camino convencional, yo me dejé engañar por la ilusión de “enriquecerse fácilmente”.


No entendía las velas K, apostaba ciegamente, tras probar la dulzura rápidamente caí en la trampa, perdiendo todo mi capital.
Con los ojos enrojecidos, pedí prestado para ampliar mi posición, me hundí aún más, en un año pasé de tener ahorros a estar en deuda, con llamadas de cobro constantes, alejando a amigos y familiares, sobreviviendo a los días más difíciles con fideos instantáneos.
Indignado por rendirme, desinstalé las aplicaciones, trabajé para pagar deudas, y revisé cada pérdida, profundizando en la esencia del mercado.
Tras años de reflexión, volví a entrar con una pequeña posición, controlando estrictamente el tamaño, respetando los límites de ganancia y pérdida, dejando atrás la fantasía de enriquecerse rápidamente, y solo siguiendo la tendencia.
En diez años de altibajos, con autodisciplina y perseverancia, salí de la desesperación, y también me estabilicé en la realidad.
Diez años bebiendo hielo, con el espíritu aún ardiente.
En estos nuevos diez años, seguiré avanzando con racionalidad.
También quiero recordar a todos: en el mundo de las criptomonedas no hay atajos, solo manteniendo la honestidad con uno mismo y controlando nuestras acciones, podremos avanzar con estabilidad y longevidad.
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