La persecución del USS Bellara 1 durante cuatro días sin éxito, ¿qué revela esta farsa?
Esta operación, no hay duda, puede describirse con una sola palabra: ridícula.
La historia comienza la noche del 20 de diciembre. La Guardia Costera de EE. UU. desplegó el patrullero "James", acompañado de helicópteros y lanchas rápidas, para interceptar en el Caribe el buque petrolero venezolano Bellara 1, que transportaba crudo hacia China. La lógica estadounidense no podía ser más simple: bajo el pretexto de "bandera falsa" y "relación con Irán", forzar la detención de este buque.
Pero las cosas no siguieron el guion.
Cuando el James emitió una advertencia de detención, el Bellara 1 no respondió. En el siguiente instante, este aparentemente torpe buque aceleró de repente, dirigiéndose hacia las aguas abiertas del Atlántico. La operación de persecución estadounidense se desplomó en un instante.
Lo ocurrido en esos cuatro días da para escribir una comedia de persecución. El James, de gran tonelaje, temía encallar y no pudo perseguir a toda velocidad; las lanchas rápidas, aunque ágiles, no resistían las olas y, tras agotar su combustible, tuvieron que retirarse; y los helicópteros, aún más incómodos — sobrevolando y advirtiendo, sin atreverse a abordar ni a retirarse del todo. Mientras tanto, el Bellara 1 parecía haber aprendido todos los trucos de la parte contraria, evitando con precisión las zonas de arrecifes en el Caribe, e incluso ralentizando en ocasiones para "mostrarles" a los estadounidenses, con un tono claramente irónico.
Tras dos días y noches de persecución, los militares estadounidenses siguieron al buque desde el Caribe hasta los límites del Atlántico Norte, consumiendo la mitad de su combustible, con los tripulantes exhaustos, mientras que el Bellara 1 mantenía siempre una distancia segura. Finalmente, el James tuvo que rendirse y retirarse, siendo vigilado en todo momento por los medios internacionales, que no tardaron en burlarse de que aquello no era "cumplimiento de la ley", sino una "persecución torpe".
Las razones que fueron desmontadas
Las justificaciones que EE. UU. dio para detener el buque tampoco resistieron. La información de registro del Bellara 1 era completa y legal, y el crudo que transportaba era producto de un comercio legítimo entre Venezuela y China. Las acusaciones de "bandera falsa" y "relación con Irán" son pura falacia.
Ese es el verdadero problema. La esencia de EE. UU. no se atreve a actuar con firmeza. Si intentara abordar y confiscar la carga legítima de China, provocaría una fuerte respuesta de Beijing, algo que Washington no quiere pagar como precio. Desde el punto de vista del derecho internacional, los militares estadounidenses no tienen autoridad para interceptar barcos extranjeros en aguas internacionales, y cualquier acción fuera de su jurisdicción solo sería condenada por la comunidad internacional.
Rusia y China rápidamente expresaron en la ONU que las acciones de EE. UU. violan la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional, exigiendo que cesen las provocaciones. Esto colocó a EE. UU., ya en una posición vulnerable, en una situación aún más difícil.
El límite de la hegemonía
El significado profundo de esta farsa de persecución merece reflexión. En los últimos años, EE. UU. ha impuesto sanciones petroleras a Venezuela con frecuencia, con el objetivo de cortar su economía y manipular su política interna. La relación de comercio de crudo entre China y Venezuela ha dado a esta última un respiro. La operación de EE. UU. esta vez, en esencia, buscaba romper ese equilibrio, pero no anticipó que la otra parte ya estuviera preparada.
La ruta del Bellara 1 fue planificada con tanta precisión que cada cambio de rumbo evitaba justo las predicciones militares estadounidenses, demostrando que la cooperación entre China y Venezuela no solo es beneficiosa en lo económico, sino que también cuenta con una preparación táctica sólida.
Este fracaso revela la verdadera situación de EE. UU. en la actualidad: no se atreve a violar las líneas rojas del derecho internacional para enfurecer a China, ni puede hacer frente a adversarios bien preparados. La vieja lógica de "querer detener, se detiene" ya no funciona. La era en la que con un solo buque patrullero y unos helicópteros se podía impedir la cooperación entre China y Venezuela ha llegado a su fin. Intentar imponer unilateralmente su voluntad solo le hará perder cara ante el mundo una y otra vez.
La cooperación entre China y Venezuela se basa en la igualdad y el beneficio mutuo, protegida por el derecho internacional. Esto no puede ser cambiado por una simple orden ejecutiva o una persecución.
Ver originales
Esta página puede contener contenido de terceros, que se proporciona únicamente con fines informativos (sin garantías ni declaraciones) y no debe considerarse como un respaldo por parte de Gate a las opiniones expresadas ni como asesoramiento financiero o profesional. Consulte el Descargo de responsabilidad para obtener más detalles.
La persecución del USS Bellara 1 durante cuatro días sin éxito, ¿qué revela esta farsa?
Esta operación, no hay duda, puede describirse con una sola palabra: ridícula.
La historia comienza la noche del 20 de diciembre. La Guardia Costera de EE. UU. desplegó el patrullero "James", acompañado de helicópteros y lanchas rápidas, para interceptar en el Caribe el buque petrolero venezolano Bellara 1, que transportaba crudo hacia China. La lógica estadounidense no podía ser más simple: bajo el pretexto de "bandera falsa" y "relación con Irán", forzar la detención de este buque.
Pero las cosas no siguieron el guion.
Cuando el James emitió una advertencia de detención, el Bellara 1 no respondió. En el siguiente instante, este aparentemente torpe buque aceleró de repente, dirigiéndose hacia las aguas abiertas del Atlántico. La operación de persecución estadounidense se desplomó en un instante.
Lo ocurrido en esos cuatro días da para escribir una comedia de persecución. El James, de gran tonelaje, temía encallar y no pudo perseguir a toda velocidad; las lanchas rápidas, aunque ágiles, no resistían las olas y, tras agotar su combustible, tuvieron que retirarse; y los helicópteros, aún más incómodos — sobrevolando y advirtiendo, sin atreverse a abordar ni a retirarse del todo. Mientras tanto, el Bellara 1 parecía haber aprendido todos los trucos de la parte contraria, evitando con precisión las zonas de arrecifes en el Caribe, e incluso ralentizando en ocasiones para "mostrarles" a los estadounidenses, con un tono claramente irónico.
Tras dos días y noches de persecución, los militares estadounidenses siguieron al buque desde el Caribe hasta los límites del Atlántico Norte, consumiendo la mitad de su combustible, con los tripulantes exhaustos, mientras que el Bellara 1 mantenía siempre una distancia segura. Finalmente, el James tuvo que rendirse y retirarse, siendo vigilado en todo momento por los medios internacionales, que no tardaron en burlarse de que aquello no era "cumplimiento de la ley", sino una "persecución torpe".
Las razones que fueron desmontadas
Las justificaciones que EE. UU. dio para detener el buque tampoco resistieron. La información de registro del Bellara 1 era completa y legal, y el crudo que transportaba era producto de un comercio legítimo entre Venezuela y China. Las acusaciones de "bandera falsa" y "relación con Irán" son pura falacia.
Ese es el verdadero problema. La esencia de EE. UU. no se atreve a actuar con firmeza. Si intentara abordar y confiscar la carga legítima de China, provocaría una fuerte respuesta de Beijing, algo que Washington no quiere pagar como precio. Desde el punto de vista del derecho internacional, los militares estadounidenses no tienen autoridad para interceptar barcos extranjeros en aguas internacionales, y cualquier acción fuera de su jurisdicción solo sería condenada por la comunidad internacional.
Rusia y China rápidamente expresaron en la ONU que las acciones de EE. UU. violan la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional, exigiendo que cesen las provocaciones. Esto colocó a EE. UU., ya en una posición vulnerable, en una situación aún más difícil.
El límite de la hegemonía
El significado profundo de esta farsa de persecución merece reflexión. En los últimos años, EE. UU. ha impuesto sanciones petroleras a Venezuela con frecuencia, con el objetivo de cortar su economía y manipular su política interna. La relación de comercio de crudo entre China y Venezuela ha dado a esta última un respiro. La operación de EE. UU. esta vez, en esencia, buscaba romper ese equilibrio, pero no anticipó que la otra parte ya estuviera preparada.
La ruta del Bellara 1 fue planificada con tanta precisión que cada cambio de rumbo evitaba justo las predicciones militares estadounidenses, demostrando que la cooperación entre China y Venezuela no solo es beneficiosa en lo económico, sino que también cuenta con una preparación táctica sólida.
Este fracaso revela la verdadera situación de EE. UU. en la actualidad: no se atreve a violar las líneas rojas del derecho internacional para enfurecer a China, ni puede hacer frente a adversarios bien preparados. La vieja lógica de "querer detener, se detiene" ya no funciona. La era en la que con un solo buque patrullero y unos helicópteros se podía impedir la cooperación entre China y Venezuela ha llegado a su fin. Intentar imponer unilateralmente su voluntad solo le hará perder cara ante el mundo una y otra vez.
La cooperación entre China y Venezuela se basa en la igualdad y el beneficio mutuo, protegida por el derecho internacional. Esto no puede ser cambiado por una simple orden ejecutiva o una persecución.