Desde la vida de Rizal, la esencia de la convicción y la acción

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En medio de la agitación de fin de año, a menudo olvidamos momentos importantes de la historia. Pero en diciembre, hace más de un siglo, José Rizal caminó hacia el patíbulo en una mañana de sorprendente silencio. Un hombre que no creía en levantamientos violentos cerró su vida por una sencilla razón: se negó a doblegar sus convicciones.

Curiosamente, lo que dejó una huella duradera en la historia de Filipinas no fue el acto de la ejecución en sí, sino la trayectoria de cómo vivió. Hoy, 30 de diciembre, se celebra como el Día de Rizal, y para muchos es simplemente una oportunidad para tomar un día libre. La verdadera significación de esa figura se ha diluido, y la percepción de lo que simbolizaba se ha vuelto tenue.

Pero quizás, precisamente esa olvido paradójicamente sugiere por qué su vida y muerte siguen siendo relevantes hoy en día.

La elección de mantener los ideales — La razón por la que no se salvó a sí mismo

La muerte de Rizal no fue inevitable, sino una elección. Unos meses antes, el movimiento revolucionario Katipunan le había ofrecido ayuda para salvarlo desde su exilio en Dapitan. El líder Andrés Bonifacio buscaba liderar la revolución, pero Rizal se negó rotundamente.

Su decisión fue sumamente pragmática. Con recursos escasos, sus compatriotas no estaban preparados para un levantamiento a gran escala. Él comprendía que tal acción solo provocaría una sangría inútil.

Rizal y Katipunan perseguían caminos diferentes hacia la libertad. Uno buscaba la emancipación mediante reformas, el otro, la independencia a través de la revolución. A pesar de sus diferencias, compartían un mismo objetivo final.

Aunque fue una fuerza que inspiró la revolución, Rizal criticó públicamente el levantamiento. En una declaración del 15 de diciembre de 1896, afirmó: «Repruebo esta insurrección —porque deshonra a los filipinos y socava la credibilidad de nuestra causa. Condeno enérgicamente sus métodos criminales y rechazo cualquier participación en ellos.»

La evolución de la creencia — De la ilusión de la españolización a la conciencia despierta

El pensamiento de Rizal no fue monolítico; evolucionó a lo largo de su vida. Al principio, creyó que era posible y deseable asimilarse a España. Estaba fascinado por el arte, la cultura y el liberalismo europeos.

Pero las repetidas experiencias de racismo e injusticia minaron esa convicción. En particular, en su disputa por tierras en Calamba, a través del conflicto con monjes dominicos, Rizal reconoció que el sueño de asimilación era una ilusión. En 1887, en una carta a Blumentritt, escribió: «El deseo de los filipinos de ser españoles durante tanto tiempo fue un error.»

El historiador Renato Constantino describió a Rizal como una «conciencia sin movimiento». Pero esa conciencia es precisamente lo que importa. Sus escritos y acciones no fueron solo declaraciones de un intelectual, sino parte de una tradición de protesta que eventualmente floreció en revolución.

Constantino afirma: «Como crítico social y denunciante de la opresión, Rizal desempeñó un papel notable. Su objetivo inicial —elevar a los indios al nivel de la españolización y esperar que el país se asimile— se transformó en su opuesto.»

La influencia en la historia — Lo que una muerte puede engendrar

En 1896, cuando España ejecutó a Rizal en lo que hoy es el Parque Luneta en Manila, no solo cayó un hombre, sino que surgió algo mucho mayor.

Su muerte fortaleció el anhelo de separación, unificó movimientos dispersos y otorgó una legitimidad moral a la revolución. Si Rizal hubiera aceptado el exilio, la insurrección posterior habría sido más fragmentada, sin rumbo y debilitada.

Lo que su vida y muerte lograron fue un cambio estructural. No porque buscara el martirio, sino porque se negó a vender sus ideales.

El historiador Ambeth Ocampo, en su libro Rizal sin máscara, describe su serenidad inexplicable: «Rizal era una persona tranquila y pacífica, que caminó hacia la muerte de manera deliberada y fría por sus convicciones. Antes de su ejecución, su pulso era normal, según informes. ¿Cuántos de nosotros conocemos a alguien dispuesto a morir por sus creencias, a pesar de poder evitarlo?»

Ocampo llama a Rizal un «héroe consciente», porque fue plenamente consciente de sus decisiones y de sus consecuencias.

En una carta de 1892, Rizal expresó: «Quiero demostrar a quienes niegan el amor patrio que podemos morir por deber y por convicciones. Morir por quienes amamos, por la patria, ¿qué es sino la verdadera muerte?»

El legado oficial y su verdadero significado

Hoy, Rizal es venerado oficialmente como héroe nacional, y su legado ha sido parcialmente moldeado por relatos del período colonial estadounidense. El historiador Theodore Friend señala que Rizal fue preferido porque «Aguinaldo era demasiado radical, Bonifacio demasiado extremista, y Mabini demasiado rígido.»

Constantino lo expresa con mayor franqueza: «A ellos les gustaba un héroe que no se opusiera a la dominación estadounidense.»

Pero el título de héroe nacional no define el valor original de Rizal. Su legado existe por sí mismo.

Lo importante es humanizarlo, no santificarlo. Preguntarnos qué partes de su vida aún aplican hoy, y cuáles no.

En su ensayo Nuestra tarea: hacer que Rizal quede obsoleto, Constantino afirma: «Los objetivos personales de Rizal siempre coincidieron con lo que consideraba el mejor interés del país.» La intención de «hacerlo obsoleto» es que, mientras existan la corrupción y la injusticia, el ejemplo de Rizal siga siendo relevante. Si esos ideales se cumplen realmente, su legado habrá cumplido su misión, y no será necesario un héroe simbólico que despierte la conciencia.

Pero Filipinas aún no ha llegado a ese punto.

Lo que Rizal desde su vida nos enseña y las preguntas para el presente

Así como Rizal se negó a doblegar sus convicciones, los filipinos de hoy deben mantenerse firmes frente a las tentaciones y presiones de la corrupción y la injusticia.

Morir no es una receta para el patriotismo. Pero la decisión de mantener sus ideales puede ser la última forma de preservar la integridad personal. El 30 de diciembre, el país debe recordar no solo cómo murió Rizal, sino, más importante aún, por qué no se salvó a sí mismo.

Esa es la razón por la que la vida de un hombre, hace más de un siglo, sigue hablando a todos nosotros hoy.

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